Hay un dicho popular que dice que de Casta le viene al galgo, y esta es una historia que demuestra la veracidad de éste. David Ventosa, se planteó customizar una guzzi que con ayuda de amigos, esfuerzo y mucho tiempo la llegó a convertir en lo que más adelante podreis ver. Pero no sin antes saber el por que de su vocación con esta interesante historia familiar.
“Desde pequeño he vivido el mundo de la moto porque mi abuelo empezó trabajando en la construcción, y con sus ahorros montó un taller de bicicletas y, cuando llegaron las motos, lo transformó para poder repararlas. Actualmente es un taller de coches. Yo no llegué a ver el de motos en funcionamiento pero me gustaba oír las historias de como mi padre y mis tíos modificaban sus motos para darles más potencia, y las aventuras que corrían en ellas; siempre a través de alguien ajeno a la familia, pues ellos no nos quieren cerca de este mundo, dicen que es porque saben lo que duele una caída. Supongo que esto habrá acentuado mi interés por ellas.
Dicen que mi abuelo era un gran mecánico y pintor de motos. Aun hoy en día cuando conozco a algún viejecito del pueblo o de alguna aldea, cuando les digo que soy David Ventosa, para ellos soy el nieto de Manolo Ventosa el de las motos. Hace un año me llamaron para ver la primera Ducati Sport que vendió mi abuelo restaurada, cosillas que me llenan de orgullo.
En el mundo de la transformación me introduje por mi padre que con 18 años transformó su coche, una furgoneta citroen ak convirtiéndola en un descapotable, construyó una lancha motora copiando el casco por el de un velero de un amigo y poniéndole un motor de 2cv, construyó una guitarra eléctrica, un televisor, etc.
En el bajo de mi casa, el antiguo taller de coches, siempre hubo coches y motos clásicas, en mal estado actualmente por el paso del tiempo, y yo siempre soñaba, desde muy pequeño, con el día en que pudiera restaurarlos y pasearme en ellos por el pueblo”.
Tras esta historia que explica muy bien, el por que de su motivación, nos explicará paso a paso la customización.
“Hace años que quería comprar una moto y no me decidía por ninguna de las que veía, porque mi presupuesto era muy reducido.
Siempre me gustaron las Guzzi desde que ví la primera transformación que hizo Ángel, el propietario del bar Gales de una t3, moto a la que ahora estoy retocando, puliendo y aerografiando. Una moto muy gorda sacada de una deportiva de los 80 que se podía comprar por poco dinero.

Después de varios años buscando una v50 o una v65, me apareció la oportunidad de comprar una guzzi 850 t3 por solo 1800 euros. No me lo pensé mucho.
Ya tenía hechos unos cien bocetos de cómo transformarla, por si algún día llegaba a comprarla, aunque nadie creía que llegaría ese día, así que me puse manos a la obra.
Empecé por el depósito, lo que fue un gran error, pues no sabía soldar y solo tenía un martillo de carpintero y un hacha redondeada para darle forma a la chapa, lo rehice cuatro veces. Conseguí un martillo de chapista y un tas prestados y unas clases teóricas rápidas sobre chapa, 15 minutos. Entonces ya me decidí, me puse con los guardabarros, las tapas laterales, y forré la suspensión de origen con unos tubos de acero inoxidable.

Desmonté toda la moto, pinté y pulí todas las piezas del motor, pinté los discos de freno, las pinzas y los colectores de escape mientras le cambiaban el embrague (Luis, de Automóviles Suárez Bello), las juntas y los retenes del motor, todo con pintura anticalórica negra mate.
Quería poner los silenciosos de origen, pero ya fueran reparados y se veía un cordón de soldadura de cinco centímetros en la parte trasera, por lo que me decidí a hacer unos en inox, pintados también con la pintura negra mate y con un embellecedor de inox pulido.
Se arenó el chasis y lo pinté de negro brillante igual que las llantas de origen y la suspensión delantera.
Una vez todo pintado lo monté con la ayuda y las indicaciones de Ángel. Y, después de que pasaran dos electricistas y no supieran ni por donde empezar, José, electricista y mecánico del taller Suárez Bello me hizo la instalación eléctrica en un tiempo record y funciona todo perfectamente.
Me quedaban algunos detalles para que la moto estuviera a la altura de mis expectativas. Pero los detalles suelen ser caros por lo que por primera vez deshice una pieza de origen, los relojes; no quería tocar ninguna pieza original por si algún día quisiera ponerla como la de serie.
La forma de los relojes no me gustaba por lo que los desmonte y los hice dos centímetros mas pequeños de diámetro, con una carcasa de hierro y un pequeño espacio para los chivatos de leds montados sobre una pieza de hueso, consiguiendo reducirlos de 21,5 cm. a 12cm. Los indicadores son cerillas.
Los puños están, también hechos con hueso de ternera pegado sobre un tubo de inox a los que di forma e incruste un cordón tórico para poner unos puntos de goma y evitar que resbalen.
La pata esta también hecha en acero, la original queda muy lejos del asiento y no le llegaba sin bajarme de la moto. Esta pieza la repetí cinco veces, en las dos primeras el soporte era de hierro y estaba sujeto al subchasis solo por la parte de arriba y no aguantaba del peso de la moto, en las tres siguientes el soporte ya era de inox y se sujetaba por encima y por debajo del subchasis, cada vez que la repetía era para reforzarla hasta que aguanto del peso sin problemas.
Los intermitentes delanteros me los regaló Ángel y los traseros son de un citroen Xsara, los que lleva en la aleta (unos seis euros cada uno) y el piloto trasero de leds y el faro son comprados en una tienda de motos.
Me quedaba el asiento, lo hice con una base de fibra que se atornilla a las sujeciones que ya traía el chasis para amarrar el original con una varilla roscada y dos tuercas ciegas, y con un trozo de espuma que me regalaron en un bar de Pontevedra que estaban insonorizando, forrada con un jersey viejo para redondear las formas y este forrado con cinta adhesiva resistente al agua para impermeabilizarlo. Una vez hecha la base lo llevé a Coruña al polígono de Elviña a Víctor tapicería en la Coruña en donde me dejaron un acabado de calidad y por menos de la tercera parte del precio que me dieron en otros tapiceros.”

Pues este es el resultado de la customización de David y su Guzzi y espero que os haya gustado lo mismo que me gustó a mi, sobre todo la curiosidad de los puños hechos de hueso de ternera y las cerillas del cuentakilómetros, y las aerografías que él mismo hizo, no obstante veremos más trabajos de él en próximos números…
Hasta otra…
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Sencillamente una obra de arte